viernes, 2 de julio de 2010

Bob Marley es buen compañero para cocinar.


Todo nace desde un antojo supongo, cuando hacemos algo es por que directa o indirectamente buscamos cierto grado de placer supongo; y bueno, cocinar y después comer, es uno de los mejores placeres para mí y para cualquier otra persona que le guste comer, en especial los postres. Y sí, tambien incluye comer masa y hacer mezclas extrañas.
En sí, la aventura de cocinar algo empieza desde el antojo, luego se busca la receta... Algo dulce sería común (mamma mia!). El afán de buscar los mejores ingredientes, darle vueltas de arriba abajo a la alhacena, encontrar algún ingrediente para malas vencido (y ojalá con meses), abrir una cosa y al rato darse cuenta que ya había otra abierta, y por supuesto hacer algún reguero sin querer, y por fin... ¡tener todos los ingredientes! Luego, busco alguna canción o canciones de acuerdo con el ambiente y lo que cocino, y sí, Bob Marley es un buen compañero de cocina. Siguientemente, intentar pacientemente leer toda la receta... y no empezarla inmediatamente! Un poco de esto, una taza de aquello, una pizca de sal y una cucharada de agua. Aquí empieza la magia, mezclando y mezclando se genera una clase de masa o "cosa" de textura extraña y olor afrodisíaco maravillosamente encantador. Luego acomodar las galletas/queque/pastel/cosa en su respectivo molde, buscar un paño, doblarlo como en miles de partes para no quemarse, levantarlos haciendo equilibrio y mandarlos al horno, seguidos de una "a la mano e' Dios y María santísima", cierro el horno.
La sozobra y espera de que no se queme... es clásica, pero una vez que se prende el bombillito del horno y se ven los pequeñines ahí recibiendo hermosas radiaciones calóricas y adquiriendo ese bronceado feroz que todos amamos, una sonrisa sería imposible no tener. Unos minutos luego, se saca del horno... y cuidado: Dejar enfriar. Nah! los que cocinamos probamos el primero que sale!

...Bon appetit!



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